martes, 20 de enero de 2009

Ella llego y el lío se formo

Sentado en mi cómodo sillón con la única compañía de mi gato, me entretenía disfrutando de la lectura de uno de mis libros, con la única iluminación del fuego de la chimenea, y por sonido el crepitar de la extinción de la madera al contacto de las llamas. Desde mi posición acertaba a ver las estrellas, una gran noche clara y limpia del cielo se me mostraba ante mis ojos, esto no hacía más que reforzar mi decisión de abandonar la ciudad hace unos años, e instalarme en medio de las montañas, no me faltaba de nada, un río cercano me proporcionaba agua, aseo y comida, y luego el pequeño huerto que tenía detrás de mi cabaña, me daba horas de distracción y unas buenas verduras y frutas, tenía mis libros, mi querido familiar Gus, y guardado en un baúl aquellos enseres que tantas aventuras y peligros habían acompañado a mi vida, hasta mi retiro actual.

Después de acariciar un poco el lomo de Gus y ver como ronroneaba me di cuenta que era hora de acabar con mi lectura por hoy, mire una vez más al cielo y me pareció ver como si una estrella se moviera danzando o bailando, pero serían imaginaciones mías producidas por el cansancio de una agotadora jornada cortando leña para mi chimenea, apenas dándole importancia alguno me fui a dormir, esperando otra jornada tranquila como las que venía disfrutando.

Conforme mis párpados se cerraban escuche un ligero repiqueteo por el techo, debía estar lloviendo, pero aquello no me preocupo, la melodía que producía la lluvia al caer sobre mi techo de madera obro en mí como si los efectos de alguna nana cantada por un bardo, así que me deje llevar y me fui al reino de los sueños.

Al día siguiente, los maullidos de Gus me despertarón, parecía inquieto, empezó a arañarme las piernas que estaban cubiertas  por mi manta con gran ahínco.

- Ya voy , ya voy...¿pero que te ocurre? ¿quieres que salga fuera? pues de acuerdo -

Me lave un poco la cara y mientras bostezaba vi que Gus se dirigía hacía la pequeña portezuela que tenia en la puerta para sus escapadas nocturnas, me puse una túnica cómoda y me dispuse a seguir a mi felino amigo, abrí el pomo de la puerta y...

- A ver que es lo que te inquieta...eh...pero...que hace una muchacha empapada (y con poca ropa si se me permite el comentario) delante de mi cabaña! -

Aquello me dejo bastante impresionado, porque para llegar hacía donde estaba mi posición había que volar y la joven que tenía delante mía carecía de alas, sin mas dilación me acerque a ella, comprobé su pulso, su frente, tenía las constantes vitales en orden, pero tenía fiebre, la cogí entre mis brazos y la tumbe en mi cama, y me dirigí a mi cocina para preparar un paño caliente y buscar medicinas que ayudaran a bajar esa fiebre, mientras me dedicaba a eso, escuche que la joven no hacía más que repetir un nombre una y otra vez como si de un mantra se tratará, decía "Lucas".

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